Capilla Pellegrini
Capilla Pellegrini
Capilla Pellegrini
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La capilla Pellegrini está situada a la derecha del altar mayor. En el lado derecho: tumba Bevilacqua – Pellegrini con luneta de frescos de Martino de Verona (finales del siglo XIV – principios del siglo XV). A la izquierda, tumbas de la familia Pellegrini con fresco atribuido a la escuela de Altichiero (segunda mitad del siglo XIV). En este contexto gótico-cortesano, se sitúan de manera absolutamente innovadora los 24 artesones de terracota, que un tiempo fueron policromáticas, realizados por Michele de Florencia en 1435, representando episodios de la vida de Cristo.
Yendo un poco hacia atrás y levantando la mirada hacia el frente exterior del arco de la capilla, se puede admirar la obra más famosa de la Basílica de S. Anastasia: el fresco con S. Jorge y la Princesa de Antonio Pisano, llamado el Pisanello. Encargado por voluntad testamentaria por Andrea Pellegrini, el fresco fue realizado por Pisanello entre 1433 y 1438; la obra ha llegado hasta nosotros sin el San Eustaquio que acaricia a un perro y el San Jorge armado que completaban el ciclo, como nos recuerda Vasari en su obra “ Vidas”. La historia de San Jorge y la princesa está descrita en la Leyenda Dorada de Jacopo da Varagine. El pintor divide la escena en dos espacios: a la derecha representa el momento lleno de tensión en el que San Jorge se prepara para afrontar al dragón que amenaza a la ciudad. A la izquierda, además del lago, aparece, entre reptiles y esqueletos de animales, el dragón caracterizado como un gran lagarto. San Jorge está a punto de subir al caballo, tiene un pie en la brida y la mirada dirigida hacia el horizonte enemigo; la princesa observa en silencio y espera el resultado de la batalla que determinará su destino. Famoso es su retrato de perfil, citado por Pisanello en algunas de sus medallas, elegantemente acentuado por el peinado que, según la moda de la época, preveía la frente afeitada para ennoblecer los rasgos. El desfile real, compuesto por nobles suntuosamente vestidos y extraños personajes con forma y fisionomía exótica, desciende de una ciudad de cuentos, a veces llamada Silene, otras Trebisonda. En el fondo, la enigmática representación de dos ahorcados: podría tratarse simplemente de un ensayo de la maestría de Pisanello en el estudio de lo real (durante un periodo el pintor vivió al lado de la plaza de la horca), pero también podría ser una alusión a la justicia terrenal relacionada con el asesinato de un miembro de la familia que encargó la obra. A pesar de que el fresco actualmente está sin todos los esmaltes de colores, láminas metálicas y plumas que lo hacían ser casi una obra de joyería, conserva intacta la atmósfera de cuento gótico-cortesano de Pisanello. El pintor, en ese momento, se encontraba en el ápice de su carrera tras su estancia romana. Muestra haber superado al maestro, Gentile da Fabriano, elaborando un lenguaje propio hecho de encanto y magia donde conviven la atmósfera soñadora del mito caballeresco, típica del gótico internacional y la revelación aguda del hecho natural que se exalta en la observación de lo real y en el estudio de los animales. Los testimonios del siglo XVIII citan el estado de fuerte degradación en el que se encontraba la obra a causa de las infiltraciones de la lluvia. A finales del siglo XIX quitaron el fresco de la pared, lo dividieron en dos partes y sucesivamente los unieron en un soporte de tela y se colocaron en la cercana capilla Giusti. Allí se quedaron hasta 1996 cuando la superintendencia local, con ocasión de la gran muestra monográfica sobre Pisanello en Verona, decidió volver a colocarla en su posición original, es decir, en el frente exterior de la Capilla Pellegrini.


