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Nave central

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Santa Anastasia es la iglesia más grande de Verona. La basílica se desarrolla en tres grandes naves con bóvedas de crucería sostenidas por 12 imponentes columnas de mármol rojo veronés. En el transepto se abren 5 capillas. Por el lado izquierdo se abre la antigua sacristía. Parece que en 1320 ya se hubiesen completado los cinco ábsides, el transepto y los primeros dos arcos de la nave. Nótese en las primeras dos parejas de columnas, partiendo desde el baptisterio, el emblema del siglo XIV de los Castelbarco, un león rampante blanco sobre una superficie roja y, en la crujía del presbiterio, el de los Scaligeri: una escalera con el perro.

El interior de la basílica es, hoy en día, un gran espacio unitario y el altar mayor se puede ver muy bien ya desde la entrada principal.  En cambio, hasta finales del siglo XVI, la visión se interrumpía por un “puente”, un tabique que separaba el espacio de la asamblea de los laicos de la zona del presbiterio, escondiendo la celebración de la eucaristía que se tenía lugar en el altar mayor. Todavía hoy se pueden ver algunos retoques en el pavimento en el segundo tramo, entre la puerta lateral a la derecha y el órgano a la izquierda, como testimonio de la ubicación original del puente. Gracias a las diferentes decoraciones de los arcos, se reconocen las varias fases de unas obras que duraron al menos doscientos años. La decoración más antigua, la del siglo XIV, se puede ver en el transepto y en la primera crujía. En la crujía sucesiva, la voluta vegetal del siglo XIV está reelaborada y reavivada para armonizarse con la decoración del siglo XV. En la cuarta crujía se repite por cuatro veces en los tabiques la imagen de San Pedro mártir, reconocible por el puñal clavado en el pecho y el hacha en la cabeza, queriendo proteger a las personas bajo la capa. En la quinta crujía, en los arcos de bóveda, encontramos grabado, por un lado la fecha 1437, y por el lado contrario el monograma IB, autógrafo del pintor Giovanni Badile. En los círculos con hojas se conmemora el orden de los dominicos: se reconocen a S. Pedro mártir que lleva a hombros la ciudad de Verona, y a S. Domingo con la maqueta de la basílica de S. Anastasia. En las naves laterales imágenes de monjas dominicas se alternan con símbolos de los evangelistas y de los doctores de la iglesia mientras que, en los círculos de la última crujía, el abrazo entre S .Domingo y S. Francisco sella la unión entre las dos órdenes monásticas. La Basílica se consagró en 1471, pero en los siglos sucesivos se construyeron nuevos altares y capillas embellecidos por obras maestras, sobre todo de época renacentista, que hacen de la Basílica de S. Anastasia una de las más opulentas de toda Verona.